dimecres, 20 de desembre de 2017

Hombre responsable

Fue a comprar tabaco y
decidió volver a casa.

Porque, la idea de darse a la fuga,
no parecía razonable.

Era demasiado arriesgada,
demasiado romántica
para un oficinista.




dilluns, 18 de desembre de 2017

Un puro llamado libertad

Cincuenta años en la empresa. Cincuenta años dedicados a la emocionante hazaña que supone el envasado de conservas. Conservas de todo el tipo: berberechos, olivas, atún, pulpo, fabada... Cincuenta años de rutina fija y vida pautada. Cincuenta años y llegó, finalmente, la tan ansiada jubilación.

Manolo llegó a casa, dejo el abrigo en el perchero, se sentó en el sofá y prendió un viejo puro habano que había reservado para la ocasión. Saboreó cada una de las caladas cerrando los ojos y dejándose marear por el espesor de un humo que sabía a libertad. Luego no supo que hacer y decidió encender el televisor. Ya se le ocurriría algún plan para llenar tantas horas vacías...

Murió, años después, sin haber encontrado ese plan.




dijous, 23 de novembre de 2017

Jo era un nen de dretes

Temps era temps...

Corria l'any 2007 i ningú ens havia fet veure encara que tot era mentida. En aquell moment les coses anaven bé, tothom tenia segones residències i existia aquella l'estranya sensació que les coses anirien sempre a millor. Zapatero governava el país, vivíem en l'Estat del Benestar i, a ulls d'un nen de vuit anys, Europa era la terra de les llibertats i el progrés. Apareixia sovint per televisió un carismàtic personatge anomenat Mas, Artur Mas. Un personatge que aviat es convertiria en el meu ídol infantil.

Jo, que era un nen llest i responsable, em sentia català i espanyol, amic de l'ordre i el seny. Volia estudiar dret o medicina (no ho tenia clar). Volia, més que res en aquest món, complaure els meus pares, convertir-me en un membre respectat de la classe mitjana-alta, casar-me amb una dona guapíssima i tenir un parell de fills educats i responsables.

Tenia clar que mai fumaria, ni beuria, ni, molt menys, provaria aquella cosa tan dolenta que eren les drogues. Recordo com, tres anys després, la Selecció va guanyar el Mundial. Em recordo cantant, amb el meu amic Juan, allò de: "¡Yo soy español, español, español!". L'Eudald, el nostre amic, ens mirava de forma estranya. A ell no li agradava "La Roja", deia que Espanya ens robava i que ell no era espanyol, que era independentista. Jo no ho acabava d'entendre. Què tenia de dolent Espanya?

Per contribuir a la meva confusió mental, estava la Pepi, una monitora del menjador que ens parlava d'uns senyors àrabs que es feien dir palestins i de com uns senyors jueus (que jo pensava que eren tots com en Woody Allen) es dedicaven a fer-los fora de casa seva. Tot i semblar-me una cosa molt cruel, jo seguia sent un nen ordenat, responsable i moderat. Que guapo era l'Artur Mas!

Amb els anys tot canviaria... Apareixerien les cançons d'en Sabina, les cigarretes, Karl Marx, les nits de Sant Joan i l'Independentisme. En una dècada, aquell nen de dretes, havia desaparegut. Però això ja és una altra història...



dilluns, 30 d’octubre de 2017

Desapareció

Tardaron en darse cuenta, pensaron que sería un gripe pasajera. Al cabo de unos meses, la duda se trasladó a la oficina. Hubo algunas teorías al respecto, algunas bastante raras, casi surrealistas. ¿Le habrían secuestrado? Esas cosas no pasan, o no le pasan a la gente normal. ¿Quién querría secuestrarle? No era una persona secuestrable, ni listo ni tonto, ni rico ni pobre. Era simpático. ¿Lo era? Saludaba, siempre daba los buenos días. Un tío correcto, ya volverá.

No volvió. Seguía habiendo café en la máquina y, ese día, hablaron del fútbol. El arbitro había anulado un gol. Hubo algunas teorías al respecto, algunas bastante raras, casi surrealistas.



Joan Simó

dimecres, 13 de setembre de 2017

MI GRAN VIAJE EUROPEO: Capítulo V (Florencia y el retorno a Roma)


"È tutto sedimentato sotto il chiacchiericcio e il rumore. 
Il silenzio e il sentimento. 
L'emozione e la paura. 
Gli sparuti incostanti sprazzi di bellezza."


12 de julio (12:00 a. m.)


Hay cosas que no desearía ni al peor de mis enemigos, una de ellas es aguardar un autobús bajo el sol en la decadente estación de Tiburtina. El calor es agobiante y  la espera interminable. Pasado mucho rato, y tras recorrer todos los puestos de información habidos y por haber intentando chapurrear el italiano para hacernos entender, conseguimos montarnos en el bus que nos llevará a la bella Florencia.

Las tres horas de viaje que nos separan de la Toscana transcurren relativamente rápidas. Visitar la ciudad de los Medici ha surgido como parte de un plan absolutamente improvisado por Aina y trazado, de forma impulsiva, durante las 24 horas anteriores. Criado yo en un ambiente sano y bastante formal en que cualquier viaje se planifica con su debido rigor y tiempo, recorrer media Italia en base a una especie de arrebato pasional supone algo nuevo y alentador. A ella también se la ve emocionada (inserto documento gráfico que lo demuestra): 


Llegados a nuestro destino la primera parada, obligatoria para evitar la muerte por inanición, la realizamos en un McDonald's abarrotado de turistas asiáticos con los que luchamos para conseguir un mísero sitio donde poder tomar asiento. Saciados nuestros estómagos a base de hamburguesas, alitas de pollo y patatas fritas, decidimos iniciar la visita. Lo primero que uno ve tras andar un poco por las callejuelas florentinas es el impactante Duomo. Un par de horas en la ciudad sirven para darle la razón al bueno de Stendhal: «Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. [...] me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme». Nosotros, de menor profundidad espiritual y cultura literaria que el escritor francés, pronunciamos boquiabiertos un simple: «¡Joder que maco!».

Recorremos Florencia de arriba a abajo, travesamos el "Ponte Vecchio", visitamos  el "Palazzo Vecchio" y demás cosas viejas y bonitas. Pasamos un buen rato bajo la "Loggia dei Lanzi" (único punto de la plaza donde el sol no escuece) tratando de retratar el Rapto de las Sabinas de Giambologna, pese a la fatídica contraluz (enemigo habitual en las fotos veraniegas) y algún japonés inoportuno que se cuela por ahí, la foto no queda del todo mal. 

Reservamos entradas para, al día siguiente, visitar la extensa galería de los Uffizi y, cuando el Sol empieza a caer nos retiramos a nuestros aposentos. Mientras andamos por las zonas menos turísticas y transitadas de dicha urbe, no puedo parar de pensar en cómo habría sido eso de nacer allá por el Renacimiento, en aquellos tiempos en que arte y poder iban de la mano, en que la vida era algo diferente, un misterio que valía la pena tratar de resolver, una prueba, un desafío constante. Me habría encantado conocer a esos hombres que desafiaron la oscuridad del medievo para cambiarlo todo, para volver a empezar, para renacer. Esos tipos, los Medici, cuatro comerciantes venidos a más que edificaron lo que, a día de hoy, es una de las más bellas ciudades del mundo. ¿Qué coño les pasaba por la cabeza? A saber...

13 de julio

Al despertar tomamos el café junto a una pareja mallorquina que se aloja en la habitación de al lado. Creo firmemente que, el catalán hablado con el acento de "ses illes", es el sonido más dulce con el que uno puede despertarse. El tiempo no nos sobra, así que veloces como el rayo nos dirigimos al museo. La Venus de Botticelli, a la que la perversa Aina acusa de fea y desproporcionada, sigue allí donde su fantástico autor la dejó. El rojizo pelo de Simonetta Vespucci ondea al viento frente a la atenta mirada de los millares de turistas que recorren kilometros y kilometros para admirar su perenne belleza de ninfa. Incluso los ciegos tienen a su alcance una panel que incluya la versión táctil de la obra (nadie merece perderse tal joya).


Debido a sus incontables enemigos, generados tras décadas de ferviente lucha política, Dante fue condenado al destierro de su ciudad natal. El pobre hombre fue obligado a abandonar Florencia a principios del siglo XIV y solo ahora, a bordo de un autobús cuyo WiFi se resiste a funcionar, consigo comprender su profundo dolor. Volvemos a Roma.


Caída la noche, salimos a celebrar el cumpleaños de Aina, nuestro regalo: una botella de Limoncello. Andamos durante más de una hora y acabamos en el Trastevere donde socializamos con un grupo de jóvenes de nuestra quinta. Yo, que he ingerido más de la meitad de la botella, debo parecer un absoluto imbécil, pese a ello, los romanos son exquisitamente agradables conmigo. Tras la marcha de gran parte del grupo, nos quedamos hablando con Luca (un camello cinéfilo y perfecto ejemplo de lo que sería el Lazarillo de Tormes de haber nacido en la Italia del siglo XXI) y su amiga, de la que no recuerdo el nombre, una chica encantadora (de padre ruso y madre libanesa) que ejerce de traductora en nuestra charla de beodos.

14 de julio: "Arrivederci Roma"


Mi última tarde romana decido consumirla en el Jardín de los Naranjos. Me siento en césped, a mi lado unos alemanes juegan a cartas, un par de monjas pasean con un par de curas y alguien toca la guitarra. Aconsejado por el bueno de Luca decido tomarme un helado en el Bar San Calisto. Por el precio de un euro degusto un exquisito helado de limón mientras disfruto de la compañía de un par de borrachos de Sidney, uno de los cuales confiesa estar secretamente enamorado de la reina Letícia mientras se empeña en ofrecerme una cerveza.

Abandonamos la ciudad inmortal a toda prisa, no hay tiempo que perder. "Tornem a casa, si és que mai n'hem tingut."


SINTIÉNDOLO MUCHO, NO CONTINUARÁ.



dijous, 7 de setembre de 2017

MI GRAN VIAJE EUROPEO: Capítulo IV (Roma)




4 de julio

Escribo frente al "Tempietto di San Pietro in Montorio", la más bella edificación hecha jamás por el hombre y única cosa que se puede agradecer a esa fascista pareja de fanáticos religiosos que la historia ha recordado como Reyes Católicos.

En contraste con lo que se pueda creer o pensar, si Berlín era un hervidero, Roma es la calma hecha ciudad. Cierto es que el picaresco carácter italiano convierte la protección de mi cartera en una de mis principales ocupaciones, pero la calma de iglesias y templos hace de mi estancia aquí una especie de paraíso terrenal. Paseo solitario bajo el ardiente sol romano. Soy todo calma.


5 de julio

El Panteón de Roma parece cualquier cosa menos una iglesia. Los altavoces piden silencio en cinco lenguas distintas. Nadie parece hacerle caso. Turistas de todos los rincones del mundo se agolpan bajo la agujereada cúpula, hablan, gritan, se abanican compulsivamente, fotografían (con o sin flash) todo aquello que pueda ser fotografiado, discuten entre ellos y hay algunos que incluso rezan. Una señora filipina se retrata con un palo "selfie" frente al altar, acto seguido se arrodilla, se santigua y emprende el camino de salida. Mientras tanto, los restos inertes de Rafael se conforman con observar tal esperpéntico recital durante el resto de la eternidad.

6 de julio

Huelga a la italiana. El metro no funciona, centenares de personas se agolpan en la estación del autobús sin estar demasiado seguros de si este llegará en algún momento. Muerto de calor espero la llegada del 490. Estamos a 30°C, con sensación térmica de 32°C. Son las 11:16 en Tiburtina (barrio periférico que parece una versión coqueta de mi Hospitalet natal), mañana es viernes.

Cansado de esperar opto por recorrer los 3,5 Km que me separan del centro de la ciudad usando el coche de San Fernando (entiéndase "un ratito a pié y otro caminando"). Mi "outfit" italiano (pantalón largo y camisa + gafas de sol + sonrisa falsa + cara de mala leche) me permite adaptarme al entorno y no ser presa fácil para carteristas y demás estafadores de poca monta.

Bajo el insoportable calor, que ahora roza los 35°C llego, por fin, a la Villa Borghese donde pretendo detenerme y pasar un buen rato dedicándome al "dolce far niente". Sin darme cuenta, me quedo dormido en un banco, cual mendigo, y, al despertar, entro a visitar el famoso museo de dicha villa. De entre su gran número de obras destacan un par de esculturas de Bernini y la preciosa representación de Paulina Bonaparte realizada por Antonio Canova. Lo demás es prescindible... 8,5€ que no se si han estado bién o mal invertidos.

Cuando el astro rey inicia su declive me siento a escribir bajo los pinos, frente a un viejo y olvidado circo romano, vestigio de otra era, de un mundo más bello y cruel. Las gotas de una fuente cercana caen sobre las páginas de mi diario. Aina mira el suelo, luego los pinos, más tarde el horizonte. La fuente canta, impasible, lo demás es silencio. Silencio antiguo y triste, bonito.

Llegada la noche Martina nos cuenta como, tras tomar un bus que debía llevarla al centro de Roma, acabó en un remoto lugar cercano a Nápoles del que no recordaba el nombre. Según su versión de los hechos, durante tal viaje trazo amistad con personas tan dispares como un jeque catarí, un soldado italiano y una anciana que afirmaba conocer el lugar donde se encontraba una fuente de agua con propiedades milagrosas. Eso sí que es turismo alternativo...

7 de julio

Tras ser brutalemente atracado por una agencia turística local, visito (sin necesidad de recorrer las insoportables colas de acceso) los museos vaticanos y la terriblemente famosa Capilla Sixtina. Todo muy bonito y caro (40€ directos al plan de pensiones de mi querido Papa Francisco). Pese a ser consciente de que he sido impunemente estafado abandono el estado más pequeño del mundo dotado de cierta áurea celestial. Camino un buen rato y, puestos ya a derrochar, me dirijo a un restaurante carísimo para gastarme 3€ en un café y leer un rato.

“Il caffè è il balsamo del cuore e dello spirito”
-Giuseppe Verdi

Creo estar disfrutando de mis Vacaciones Romanas como una especie de Audrey Hepburn travestida y con barba.

8 de julio

Mato al Lobo Estepario en el jardín de los naranjos. La vista del Tíber transmite paz y serenidad. Es sábado y todo el mundo decide casarse, aprovecho para colarme en un par de ellas y acabo invitando a uno de los invitados a un cigarrillo. Luego visito unas cuantas basílicas más y me detengo a rezar una oración a la "Madonna di sant'Alessio" (virgen particularmente horrorosa, como se puede ver en la siguiente imagen).


El párroco de la iglesia me mira con aprobación, yo le saludo educadamente y me marcho por donde he venido. Mañana marchamos hacia un camping.

9, 10 y 11 de julio

Los siguientes días transcurren en un camping. Nada destacable. Pasamos los días en la piscina frente a la atenta mirada de un socorrista cuarentón que intenta seducir a las chicas de forma bastante lamentable. A mi el tipo me resulta simpático, incluso pasamos un par de horas hablando de política y literatura, pero entiendo que ellas estén hartas de sus miradas lascivas. Leo incansablemente y me chamusco parte del hombro (mi piel no es amiga del sol). Nos hacemos amigos de un grupo de holandeses (una pareja mayor y un cuñado hippie) con los que pasamos un par de noches bebiendo vino y charlando.

A Aina se le ocurre una pequeña excursión de dos días a Florencia. Acepto sin dudarlo. Pero eso ya es otra historia...

CONTINUARÁ...


dissabte, 2 de setembre de 2017

MI GRAN VIAJE EUROPEO: Capítulo III (Berlín)


del 27 de junio al 3 de julio

La ciudad triste, 
la capital del muro, 
la sombra del fantasma marxista 
acribillada por una enfermiza paranoia de vida nocturna y música ruidosa.



Templo de frío y horror, 
lápida de un pasado vergonzoso, oscuro, siniestro, de un presente que lucha por olvidarse.



Berlín, cárcel en perpetua construcción, de espera, de cierto tipo de soledad inexplicable. Siempre recordaré mis improvisados paseos bajo la lluvia en Unterderlinden y nuestra estancia en Müllerstraße, en la casa de Bernadete (casera de dudosa moral y desconocido oficio), con esa lavadora incapaz de funcionar correctamente, ese olor de humedad y esa cansancio acumulado tras dos semanas de viaje.

Algo de mí se quedó impregnado en las paredes de las faraónicas construcciones soviéticas, en los cafés aguados, en cierta discoteca roñosa, en el ojo roto del busto de Nefertiti, en los ángeles que custodian el cielo berlinés, en Aina, que se pasó un par de días agonizando por el dolor que producen las anginas, en mis viejas bambas mojadas.

Roma será diferente, más plácida, mejor.

In Berlín, 
by the wall...

CONTINUARÁ...