diumenge, 23 de juliol de 2017

MI GRAN VIAJE EUROPEO: Capítulo I (París)


Hoy es domingo. Domingo 23 de julio. Creo que jamás un domingo ha sido tan domingo como hoy. Los vecinos del 1.º 1.ª apestan medio barrio con una ostentosa barbacoa donde se guisan costillas, chorizos y otras piezas de carne de cuyo nombre no quiero acordarme. El resto de habitantes del edificio duermen apacibles siestas mientras "La 2" emite el enésimo episodio de "Saber y Ganar". Es domingo, un domingo de julio, valga la redundancia. A eso de las 2 y media, consumida ya mi tradicional combinación CAFÉ + CIGARRO que sirve de colofón a toda buena comida, he decidido ponerme a escribir. Transcurridos ya más de nueve días tras mi regreso a las bellas tierras del Maresme, me dispongo a contar, siempre que la memoria me lo permita, los detalles de MI GRAN VIAJE EUROPEO. 

Así pues, y sin más dilación, empiezo con ello:

20 de junio (4:00 a. m. )

Llevo una hora despierto. Sin saber muy bien que hacer consumo mi ultimo cigarro antes de partir hacia el aeropuerto, frente a mi se dibuja la perspectiva de 24 días de viaje. 24 días en compañía de tres mujeres, con sus ventajas y sus inconvenientes.

Nuestro primer destino es, ni más, ni menos que París.

La ciudad de los amantes, de los artistas y de los atentados terroristas (¡Ojo al pareado!). París es un lugar precioso aunque, puestos a elegir, es preferible visitarlo cuando el tiempo es nublado e incluso lluvioso, pues los 37 ºC y el sol de justicia que imperó durante los dos días que allí estuvimos no contribuyen a hacer de la experiencia turística algo demasiado agradable. Un par de horas dando vueltas por Montmartre, con las pesadas maletas a cuestas, nos sirven de introducción a la ciudad. Nos alojamos en una buhardilla cuyo aire condicionado decidió dejar de funcionar días antes de nuestra llegada. Las dos únicas habitaciones del apartamento parecen un horno y nosotros cuatro pollos condenados a asarnos lentamente. Frente a tal perspectiva decidimos dejar las maletas e iniciar nuestro acelerado tour.

Andamos, andamos mucho. El metro es un lujo que no nos queremos permitir. Las calles son anchas, las casas iguales unas a las otras, la vida un ir y venir de gentes sin rumbo. Los parisinos parecen haber olvidado su característica bohemia y, arrastrados por un afán consumista, llenan sus carritos de la compra bajo la fría mirada de la Torre Eiffel. Los artistas callejeros han sido substituidos por militares uniformados y el viejo Moulin Rouge convertido en una simple atracción turística. La magia ha desaparecido.

Descendemos hacia los Campos Elíseos, se bebe vino.


21 de junio

Un nuevo día en París, el último. Tomamos el café más barato. El precio de este maravilloso producto es, por lo que sé, escandalosamente elevado en esta ciudad, así que pagar 1,5€ por un café aguado y rancio (lo que en cualquier otro lugar me parecería un robo escandaloso) podría ser considerado como una maravillosa oferta.


Hoy toca, según me han dicho, visitar la tumba de Jim Morrison en el cementerio de Père-Lachaise. No me apasionan los cementerios, no me apasiona el barbudo de "The Doors" y el mundo en general me da bastante pereza en este glorioso día de junio. Siguiendo la tradición (tradición cuya lógica no acabo de comprender) mis compañeras de viaje dejan un chicle mascado al lado de su tumba. Yo me abstengo. No sé si al bueno de Jim les resultaría demasiado agradable que un tipo como yo dejara restos de mi saliva cerca de su cuerpo yaciente. Quizás sí.. ¿Quién sabe que le gustaba a ese tipo? "Mother... I want to FUCK YOU!!!" aullaba en una de sus más conocidas canciones...

He olvidado comentar que, el cementerio en cuestión, se encuentra allá donde Cristo perdió la alpargata, motivo por el cual el trayecto hacia el Louvre (destino donde vamos a pasar la tarde) dura unas dos horas y media. No puedo quejarme pues, al ser estudiantes, nos permiten entrar gratis al más maravilloso museo que existe sobre la faz de la tierra. Mientras mis compañeras se dedican a corretear por los pasadizos al más puro estilo "Bande à Part" yo me entrego a la contemplación de las obras de Delacroix y Jacques-Louis David. Llega entonces el momento decisivo de mi visita y, con todo el desprecio del que soy capaz, atravieso la sala donde se halla la Mona Lisa sin mirarla ni un solo segundo. Se trata de una especie de acto heroico en oposición al turismo de masas al cual yo también pertenezco. Abstraído, a causa de la belleza que me rodea, pierdo la noción del tiempo, cuando vuelvo en mi ya es hora de marchar. París requiere tiempo, el Louvre más...

Descendemos finalmente a la orilla del Sena donde Martina y Nayana deciden tomar un baño, ilegalidad a la que las autoridades competentes se encargan de poner fin inmediatamente. Tras un breve momento de tensión, los ánimos se relajan y todo queda en una divertida anécdota. Cae el Sol, la Luna se cierne sobre París, en mi mente retumba esa odiosa canción de "La Unión", gracias a Dios no hay ningún lobo a la vista. Mañana partimos hacia a Ámsterdam, pero las lisérgicas historias que allí acontecieron las reservo para otra ocasión.

CONTINUARÁ...



Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada